viernes, 11 de septiembre de 2026
jueves, 10 de septiembre de 2026
miércoles, 9 de septiembre de 2026
martes, 8 de septiembre de 2026
Día 13: Navia-Ribadeo
lunes, 7 de septiembre de 2026
domingo, 6 de septiembre de 2026
sábado, 5 de septiembre de 2026
Día 10: La Isla-Deva
viernes, 4 de septiembre de 2026
Día 9: Pendueles-La Isla
Sobre las 7 me he levantado y bajado al comedor.
Desayuno, despedida de la gente con la que he pasado la noche, de las hospitaleras Anna, y Kelly, encantadoras, y he comenzado a dar pedales.
Bufones de Arenillas
Ribadesella y hamburguesa
Cuestas de piedras
Albergue que tienes que inscribirte en la tienda del pueblo, bastante cutre.
jueves, 3 de septiembre de 2026
Día 8: Santillana del Mar-Pendueles
miércoles, 2 de septiembre de 2026
Día 7: Güemes-Santillana del Mar
El día ha comenzado con el desayuno en el Albergue.
Tras vestirme y empaquetar y preparar la bici me he despedido del padre Ernesto. También me he despedido de Luis, que si no es cura, también lo parece.
Sin duda la experiencia en la cabaña del abuelo Peuto ha sido totalmente positiva y enriquecedora.
La mañana ha salido fresca, pero muy pronto, al afrontar las primeras pendientes he entrado en calor y me he quitado el cortavientos.
Gronze recomienda ir por la costa, ya que tiene unas vistas extraordinarias del Cantábrico desde los acantalidos.
Una vez más la deficiente señalización ha hecho que me pase un desvío, y cuando me he querido dar cuenta había hecho unos 500m en bajada, que me ha tocado volver a subir.
Cierto que las vistas son impresionantes, pero no menos cierto que el sendero por el que transcurre el camino es muy técnico.
Casi ciclable al 100 % para las dos primeras playas, e inciclable en la tercera.
El track te conduce a una playa. He perdido un rato buscando la salida, que se encuentra en el extremo opuesto y hay que subir una docena de escalones artesanales.
No creo que con marea alta se pueda alcanzar la salida. Para mayor penalidad, una vez coronado el tramo de escaleras, te encuentras una suerte de sendas cubierta por monte bajo de helecho y zarza por las que apenas pasa una persona.
Cualquier salida te conduce a un arenero de unos 100m de largo, pero en pendiente de al menos el 20%.
Un horror. El esfuerzo para superarlo ha sido inmenso. Por una parte se clavaba la bici en la arena, y por otra yo no podía traccionar. Del esfuerzo me he hecho daño en una rodilla que me ha ido molestando toda la tarde.
martes, 1 de septiembre de 2026
Día 6: Castro Urdiales - Güemes
Hoy he dormido un poco peor. Había una pequeña tubería que pasaba a los pies de la tienda, y a veces la he notado a la altura de las pantorrillas. Aún así, he descansado lo suficiente para emprender la marcha con energía.
El día se presenta gris, aunque no amenaza lluvia, y el comienzo de ruta no es demasiado exigente en cuanto a pendientes. Hasta Cerdigo la ruta es ciclable. Este lugar parece abandonado. No hay ni un bar para desayunar, así que toca continuar.
El terreno empieza a cambiar y se vuelve imposible. Hay que echar pie a tierra, no con dificultad, incluso para caminar.
Tras pasar entre rebaños de cabras y ovejas, se alcanza la cornisa del acantilado que te deja unas vistas magníficas del Cantábrico. La senda conduce a la localidad de Islares. Aquí he encontrado un bar abierto en la carretera, la taberna Elisa, donde he podido tomar un pincho de tortilla y un colacao.
La ruta continúa por el borde de la carretera y te lleva enseguida hacia la ría de Oriñón, localidad que cuenta con su playa particular.
Pasado Tresagua encuentro un tramo de unos 100 m lleno de desbroce de zarza que he pasado a pie por temor a pinchar una rueda. Un poco más adelante están los operarios haciendo el bocadillo en una sombra. Les he pedido que por favor limpien un paso pues para una bici todo ese desbroce puede ser un problema. No creo que me hayan hecho caso.
A partir de aquí comienza una dura ascensión donde se encuentran las mayores pendientes de la ruta. Hay que subir más de 200 m en menos de 2 km.
En una parada me he dado cuenta de que he perdido también la cámara de repuesto que llevaba. No sé ni cómo, ni dónde. Lo que sí sé es que necesito comprar otra lo más rápido posible, pues si pincho una rueda tendré que poner un parche, y eso siempre que el pinchazo no sea un buen agujero, en cuyo caso tendría que empujar la bici hasta la civilización.
En fin, con paciencia y empujando la bici corono y comienza una buena bajada hacia Liendo. Afortunadamente el piso es de camino asfaltado, a veces roto, pero totalmente ciclable.
En la Iglesia de Santa María de Liendo me ha sellado la credencial la única persona que he visto en el pueblo. Es mediodía y sigo Camino.
Enseguida comienzas a ascender otro puertecillo de esos de ir caminando. Son casi 200 m de ascensión en algo más de 2 km. Los números dicen que no es tan duro como el anterior, pero a mi me lo parece aún más. La pista es roca viva, y en ocasiones no sabes por dónde meter la bici.
Una vez coronado las vistas son espectaculares, pero el descenso es aún peor. De pista se pasa a sendero entre bosque bajo y matorral. No recuerdo haber montado en la bici en ningún momento.
Pero como todo tiene un final, a eso de la 13:30 estoy entrando en Laredo, y tras una bajada curiosa estoy otra vez a nivel del mar. El gasto de energía ha sido importante, así que decido buscar un sitio para comer.
Dada mi imposibilidad de encontrar menús del día a precio normal, termino comiendo un plato combinado en cafetería París, un lugar que he encontrado al lado de la ruta. Creo que es caro, pero había que comer sentado.
Tras la comida tengo que decidir si espero a que abra una tienda de bicis que he encontrado o continuar la ruta. Decido seguir y a eso de las 15:30 estoy esperando en la playa a que venga un barco a recogerme. Si no fuera porque han llegado algunas personas más, hubiera creído que se trataba de una broma.
En concreto, ha llegado una pareja y dos ciclistas más, un padre y un hijo que están haciendo tramos del Camino por libre. El hijo lleva una bici de montaña, y el padre una eléctrica con un par de bolsas. Poco equipaje me parece.
Por fin llega el barquito, y efectivamente se acerca a la playa y saca una especie de pasarela-tablón para embarcar. Parece el desembarco de Normandía pero al revés. La verdad que subir la bici es complicado.
El trayecto dura nada y son 4 euros. A las 4 menos 10 ya estoy en Santoña. 614 km a Santiago y hasta las 5 no abren las tiendas de bicis. Compro pan en un chino y jugándomela sin cámara de repuesto sigo Camino.
Jornada con final en el albergue del abuelo Peuto. Pendiente la narración.
Estadísticas de la etapa (análisis IBP index)
Distancia recorrida: 63,04 km
Desnivel positivo: 868,25 m
Pendiente máxima: 18 %




